Llorando se nace, llorando se vive, llorando se muere, y al pie de las cunas, las tumbas; al dar un TRANCO, alegres, nos caemos de bruces a la nada terrible, irremediable; el amor se parece a las golondrinas: huye con las últimas hojas; hoy mañana o pasado han de irse muertas, muertas, muertas las queridas gentes, las queridas gentes... muertas ¡muertas!... muertas!, los murciélagos fúnebres -hijos de la tristeza-, anidan en mis ojos, urden las desgracias su horrible tela miserable en TORNO al corazón del hombre; el cielo idiota se abre arriba, la tierra imbécil se abre abajo, como dos inmensos paréntesis que encerrasen un crimen... (hoy, mañana o pasado, hoy, mañana o pasado!)
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¿Qué hiciste tú, Pablo de Rokha, en veintiséis, en veintiséis inviernos?... NADA. Garabatear, garabatear, garabatear domingos inútiles o cándidos y leer poemas no escritos; a la izquierda del cuerpo un tambor disonante toca a ánimasdiariamente bañan mi rostro las negras aguas negras que VIENEN del DOLOR; lujurias de cadáver viejo, esperanzas deformes, podridas, fugaces decoran mis jardines melancólicos, cual callampas al alcohol; en los patios AZULES, lugareños, coloniales, la ociosidad se escarba las narices...
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Al fondo del paisaje invertido, absurdo, cantan lejanamente los pájaros sin lengua del silencio, como ALMAS en un ataúd -se fue la hermana tarde arreando canciones, estrellas, corderos...-; el espanto y los canes desatornillan sus pianos lúgubres, chirrian las mohosas puertas cual campanas que se trizasen, un aullar, un aullar horroroso, horroroso, horroroso, semejante a oscura nube extraordinaria sobre los hondos cementerios, gravita estremeciendo las casas, los sepulcros, las casas, las casas y el dolor HUMANO hay cien cipreses degollados, ahorcados, fusilados a la luz de los sollozos, y un hombre muerto enCADA aullido, ¡y un HOMBRE muerto en CADA aullido!, gotean sangre los frutos antiguos, y epidemias, contagios, etc., etc., etc.; la oscuridad bosteza dolores o llantos y brillan, de repente, tal pupilas de infames lobos, los silbidos de las flacas serpientes enloquecidas (cual animalito enfermo, animalito, duerme el chiquitín quejándose a la sombra de su madre); - el sufrimiento es largo, largo como un difunto!...
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Tosen las angustias al igual que mujeres tuberculosas en los cuartos helados demi espíritu; ¡toda la vida, toda la vida está en mis manos trágicas en este momento!... ¡quién pudiese arrojarla arrojarla, arrojarla por la ventana como un mueble inútil, como un mueble inútil!... y quedarse vivo y SIN vida, vivo y SIN vida, vivo y SIN vida mirando el universo CARA a CARA!...
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Lo mismo que cualquier borracho, trastabillea el globo APUNTALÁNDOSE en las murallas de lo infinito, los chunchos van y vienen del lugar, y la noche colmada de tristes viudas dementes va enjugando sus lágrimas con el VAGO pañuelo de las sombras -los gordos planetas son sapos, sapos del vientre helado y pegajoso-; dominando el OSCURO panorama, un señor pálido que viste luto, luto, luto, luto, luto, emerge enigmático fúnebre...
[Los gemidos, 1922]
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